Cada día recibimos mensajes sobre tratamientos que aportan beneficios espectaculares y productos “naturales” sin ningún tipo de riesgo o efecto perjudicial. Es fácil dejarse llevar por la ilusión de que algo que funciona no puede hacer daño. Sin embargo, esta idea es poco realista.
Incluso los tratamientos realmente eficaces suelen tener efectos perjudiciales o no deseados. Y aunque algunos sean poco frecuentes o leves, conviene tenerlos en cuenta. No se trata de desconfiar por principio, sino de informarse bien y tomar decisiones con criterio tras considerar los beneficios y riesgos de cada tratamiento.