La pérdida de los dientes impide triturar los alimentos, y no masticar impide que se estimulen las glándulas encargadas de producir saliva. La comida mal masticada está formada por trozos grandes y sin mezclar con dicha saliva, lo que retrasa la digestión y la asimilación.
Entonces, los alimentos pasan rápidamente al estómago, donde los ácidos gástricos tienen que redoblar esfuerzos para que los nutrientes estén disponibles y hagan su función de regeneración y reparación celular.