La vejez no se presenta de golpe. Llega a veces a borbotones, pero generalmente nos llega avisándonos antes de pequeñas señales. Pueden ser más o menos sutiles, como una dificultad para subir la escalera. El miedo a caerse cuando el pavimento no es muy firme. La necesidad más o menos explicita (o explicitada por los demás, por sus buenas intenciones) de contratar a alguien para que haga la limpieza general o que limpie aquellos rincones en los que hemos dejado de reparar.