Aunque la mayor parte del éxito y de que nuestra piel se mantenga sana lo conseguiremos después de nadar, algunas medidas preventivas son especialmente útiles incluso antes de tirarnos a la piscina. En este sentido, es importante mantener una buena higiene y ducharnos antes de entrar en la piscina, lo que nos permitirá retirar los restos de sudoración de la piel que pueden interaccionar con el cloro y aumentar su acción irritante. También es aconsejable la ducha después del baño para eliminar los restos del cloro.