A veces lo olvidamos, pero envejecer también es crecer acompañado. Y los vínculos con las nuevas generaciones no solo dan sentido a la vida de las personas mayores: también la alargan. Literalmente.
Cada vez hay más evidencia científica que muestra cómo las relaciones intergeneracionales —y en particular el vínculo entre abuelos y nietos— tienen un efecto directo en la salud emocional, la autoestima y la calidad de vida.