Nuestros músculos se debilitan y los reflejos disminuyen. Por ello, es más difícil reaccionar con rapidez y frenar de forma segura. Los problemas de la vista relacionados con la edad, como cataratas o la pérdida gradual de la visión, dificultan ver las señales de tránsito y reconocer lugares conocidos. Además, la pérdida auditiva hace que sea más difícil oír a otros conductores o a los vehículos de emergencia. 

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