Un perfil con bajos niveles de características protectoras –como el sentido de propósito vital, la extroversión o la apertura a nuevas experiencias— se relacionó con peor cognición (especialmente en mayores), atrofia cerebral más acentuada (ya observable en adultos de mediana edad) y menor adherencia a estilos de vida saludable.

El tercer perfil, con altos niveles de rasgos psicológicos negativos o de riesgo –como una propensión elevada a la angustia y pensamientos negativos–, «puede aumentar el riesgo de deterioro cognitivo y demencia», con síntomas como la depresión, la ansiedad, quejas cognitivas, soledad y trastornos del sueño».

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